
Sosegado desciende la ladera el caminante
De esta su última colina en sus recuerdos absorto
Tristezas penas y alguna que otra breve alegría
Allá en la lejanía el inmenso profundo océano
Azul sereno calmo resplandece bajo el sol
Que lento majestuoso en el horizonte se pierde
Ligero de equipaje alegre tranquilo confiado
Se va acercando a las doradas y suaves arenas
Donde las delicadas blancas olas leves mueren
Su acompasado murmullo parece susurrar
Una y otra vez el nombre secreto del peregrino
O serán los melodiosos cantos de las Nereidas
Enamorados encantados y mágicos cánticos
Dulces embaucadores que ofrecen a los viajeros
Reposo y descanso en los palacios del Dios Nereo
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